Cervezas hay muchas, y muy buenas, a lo largo y ancho del planeta. Y si de alguien se ha dicho siempre que han tenido muy buena mano para elaborar tan grandioso brebaje, esos han sido los monjes, repartidos principalmente por los monasterios de toda Europa, sobre todo por Bélgica, Alemania, Francia y Holanda. Y entre ellos, han habido diferentes y diversas órdenes monacales, pero una de las más destacadas, al menos en términos cerveceros, ha sido la Orden de los Mínimos, o la Paulaner Orden en el idioma germánico.
Esta orden, que destacaba y abogaba por llevar una vida extremadamente humilde y austera, fue fundada en el s. XV por el ermitaño San Francisco de Paula, originario de la localidad napolitana de Paula. De esta orden, se podría decir también, que fueron de los primeros veganos reconocidos, y convencidos, ya que, además de los clásicos y obligatorios votos de pobreza, castidad y obediencia, la abstinencia de carne y otros productos de origen animal se convirtió en su famoso cuarto voto.
¿Y por qué esta orden de monjes fue relevante para el mundo cervecero?, pues por que allá por el año 1634, estos monjes se mudaron del sur de Italia a Alemania, al claustro de Neubeck ob der Au, en Múnich, donde, años más tarde, se erigiría la famosa Paulaner Brauerei.
En esta fábrica, los monjes elaboran cervezas para sí mismos, y sobretodo para consumir en sus épocas de ayuno o cuaresma, donde no tenían permitido ingerir alimentos sólidos, pero sí líquidos. De ahí que elaborasen, principalmente para estas épocas, una cerveza más fuerte, más rica en carbohidratos y nutrientes, y con más contenido alcohólico, a la que cariñosamente denominaban como su “pan líquido”, y que les servía de sustento diario para esos días de ayuno. Se trataba de una cerveza de estilo Bock.
Poco a poco esta cerveza comenzó a hacerse popular fuera del claustro, en los locales aledaños al mismo, donde los monjes vendían su cerveza o cambiaban por otros productos o materiales que necesitaban en su día a día, y fue, posiblemente, la cerveza que dio origen al gran estilo Doppelbock.
Años más tarde, en 1799, la abadía fue reconvertida en prisión, y su cervecería adquirida por el maestro cervecero Franz Xaver Zacherl, quien, desde 1813, continuaría desde allí la tradición de los antiguos monjes elaborando una Starkbier (cerveza fuerte en alemán) que llevaba el nombre de Salvator, el “Salvador”. Salvator procede del término alemán “Sankt Vater”, que quiere decir algo así como “cerveza del santo padre”
En 1861 se inauguraron las Bodegas Salvator, en Nockherberg (Múnich), las cuales, en 1928, se fusionarían con la Gebrüder Thomas Bierbrauerei para formar la Paulaner Salvator Thomas Bräu. En 1994, el nombre de la cervecera fue transformado en Paulaner Brauerei AG, para establecerse definitivamente en el actual Paulaner GmbH und Co. KG en 1999. Hoy en día, la Paulaner es una de las ocho cervecerías que participan en la mundialmente famosa fiesta de la Oktoberfest de Munich.
La leyenda de la “Salvator”
Se dice que los monjes repartían su sabroso “pan líquido” entre los pobres para ayudarles en la cuaresma, lo cual no gustó a los fabricantes de cerveza de la ciudad, que expusieron una queja a las autoridades de Múnich. Cuentan que la queja llegó a oídos del mismísimo Papa, quien solicitó una muestra para valorar hasta qué punto era admisible como ayuno en el seno de la iglesia.
La muestra se estropeó durante el camino debido al largo y tortuoso viaje hasta Roma. Cuando el Papa la probó, evidentemente le pareció horrible, y dictaminó que era un buen castigo por el atrevimiento de los monjes cerveceros. Por ello, emitió un edicto que obligaba a los monjes a beber esta cerveza solo durante la época de cuaresma. Bendito castigo.
Salud!




